
En muchos comerciales de cerveza se recurre al esquema de la parranda playera con rubias protuberantes, jóvenes sonrientes y cervezas heladas. En algunas ocasiones las mujeres juegan volleyball en la playa y en otras luchan en el barro. La acción puede desarrollarse en una playa caribeña, en una piscina universitaria o en una fiesta en donde todos sudan mucho. El tema varía, pero en el fondo es siempre el mismo: tomar cerveza es chévere y viene en combo con chicas de antología.
Un neandertal captaría el mensaje, pero también sabría que es una ficción. Sabría que no basta con destapar una cerveza para tener una fiesta con suecas en bikini y que no todas las mujeres son adornos que bailan.
Para algunas personas, estos comerciales convierten a la mujer en un objeto sexual y la reducen a un cliché adolescente. Recalcan el perverso mensaje que envían a los televidentes, y no escatiman esfuerzos para demostrar como las oscuras fuerzas del capitalismo apuntalan un orden machista y opresivo.
Cada quien es libre de tener la lectura que mejor le parezca, y siempre habrá gente dispuesta a interpretar a La Bella Durmiente como una lección sobre el envenenamiento con manzanas. El tema no es la lectura de un comercial de TV, sino la postura derivada de dichas interpretaciones.
Para las feministas y los nuevos puritanos, las cosas no se pueden dejar así. El Estado, o alguien, debe hacer algo. Los comerciales de cerveza tienen que ser como a ellos les gusta, sin importar que a muchos nos parezcan entretenidos, chistosos e inofensivos. La correctez política debe ser impuesta a cualquier costo, y ellos, claro, son los iluminados para ver más allá de lo evidente e imponer -o vetar- lo que se televise.
Estos nuevos victorianos quieren comerciales más “inteligentes” y menos sexistas; quieren más gafas y menos tetas. En pocas palabras, quieren imponer sus comerciales y sus gustos, con la excusa de la defensa de un bien superior.
Chicas Águila, luchadoras de barro de cerveza gringa, señoritas Polar, bachilleres enloquecidos con cerveza helada, proletarios de Pilsen, no demos el brazo a torcer. El pueblo unido, jamás será vencido.