domingo, 15 de febrero de 2009
lunes, 5 de enero de 2009
Guaviare
Terminé el trabajo y tengo toda la tarde para no hacer nada en el puerto en donde empieza la selva. Como preparación para el viaje me había leído unos libritos de Alfredo Molano sobre la colonización del Guaviare y unas crónicas de los años veinte de un tal Alexander Hamilton Price que visitó San José cuando sólo había indios y guacamayas. Esperaba encontrar algo parecido al Saigón de las películas de guerra, con mucha puta, helicópteros y militares gritones caminando por los bares; pero la cosa es diferente.
Le di tres vueltas al pueblo y tomé unas fotos de los planchones oxidados que están amarrados en el puerto. Nada raro. Ni militares, ni putas, ni plata rondando por ahí en costales. El pueblo esta lleno de tiendas de insumos agrícolas, peluquerías, cabinas telefónicas, más peluquerías y gente que camina rápido bajo un techo de zinc amarillo y anaranjado que cubre la mitad de los andenes. Se parece a Puerto López, o a Puerto Gaitán o a La Dorada, o a cualquier pueblo de tierra caliente y poca historia.
El funcionario con el que trabajé en la mañana me contó que sus amigos de Bogotá se aterran cuando les cuenta que esta viviendo en San José. Se ríe y me dice que por acá todo está tranquilo, que pasa lo mismo con los extranjeros que se imaginan que en Medellín hay una plomacera cada quince minutos. Tiene razón, por lo que pude ver, este pueblo es común y corriente.
Antes de que oscureciera volví a leer pedazos de “Selva adentro. Una historia oral de la colonización del Guaviare”. Los cuentos sobre guerrilleros, colonos y cocaleros que se los traga la manigua y que viven en un old west tropical, no encajan con lo que ví en mis caminatas por el pueblo. Leer las crónicas de Molano en San José es como leer a Primo Levi en un Auschwitz lleno de turistas.
En los mapas satelitales que señalan con puntos rojos, amarillos y anaranjados la ubicación de los cultivos de coca, San José aparece sitiado. Una mancha rojiza rodea la ciudad por todos los flancos. De ser un ejército, bastarían minutos para que el pueblo cayera. La mancha está compuesta por quince mil hectáreas de coca capaces de surtir a todos los drogadictos franceses por un año y de multiplicar en meses la inversión de los que tienen suerte.
Los del pueblo saben que la coca y los mercados ilegales mueven el departamento, lo saben pero no lo cuentan. El de la droguería sabe que el que compra cajas de drogas no pertenece a médicos sin fronteras y los de médicos sin fronteras saben que esos heridos de bala no son pescadores del guayabero. En San José todo tiene una función oculta y las cosas se manejan en la sombra.
Las estadísticas sobre el número de bajas en el departamento y el número de combates que efectúan las fuerzas militares en los alrededores del San José son altas para los estándares internacionales. En las veredas se libra una guerra con mutilados, muertos y sangre. Los periódicos registran esporádicamente estos hechos y los informes oficiales los confirman. Vietnam no era muy diferente.
Sabía que en San José no iba a ver nada fuera de lo normal a pesar de los libros de Molano, los informes de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y la leyenda negra que arrastra el pueblo.
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lunes, 13 de octubre de 2008
La opinión NO es noticia
Los grandes diarios del mundo tienen un número reducido de columnistas fijos (New York Times: 11; Telegraph: 36; Washington Post: 26), algunos contribuyentes casuales que escriben sobre temas especializados y un ejercito de reporteros, editores y fotógrafos. Estos últimos son los que contribuyen a buscar y a difundir las noticias y son la columna vertebral del periodico.
En El Espectador (y un poco menos en El Tiempo) pasa todo lo contrario. Tienen un ejercito de columnistas que suma cerca de ciento diez plumas de todos los colores -todo un pavo real- y una guerrilla paquidermica de reporteros que a duras penas alcanza para cubrir una noticia por fuera del perímetro urbano. Todo bajo el lema de que la opinión es noticia. Pues no, la opinión no es noticia, la opinión es fácil, tal fácil que hasta yo opino. Tan fácil que las versiones online de los diarios nacionales estan repletos de columnistas "online", blogueros, y comunidades que opinan sobre todo.
Las noticias son hechos, y para escribir sobre hechos toca salir del escritorio, entrevistar personas, buscar en archivos, viajar al monte . Las masacres, por ejemplo, son hechos. Pero en este país los medios cubren este tipo de hechos con diez años de diferencia y ahí ya no son noticia, son historia. En este momento, como lo cuenta Adam Isacson (sí, un gringo sentando en Washington D.C.), hay serios disturbios en el Cauca y El Tiempo ni lo anota. Tal vez presenten una crónica completísima dentro de diez años. Chévere.
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viernes, 1 de agosto de 2008
Los cocaleros
Cuando se habla de cultivos ilícitos se recuerda que los campesinos cocaleros no tienen de otra, que están obligados por las condiciones geográficas, sociales y políticas a sembrar y procesar coca. Si en Tarazá o en San José los cocaleros marchan y queman buses en protesta por la erradicación, la respuesta periodística es la misma: los campesinos no tienen la culpa, la culpa es del Estado por no garantizar tal o cual cosa.
Como siempre, las cosas son más complejas. Para que el cultivo de coca funcione, no sólo se necesitan campesinos muertos de hambre. Lo que se necesita es gente con ganas de progresar y una infraestructura que lo permita.
Los clusters de coca (Tarazá, Tumaco, El Retorno, entre otros) cuentan con una infraestructura invisible (para los periodistas) que atrae a las personas hacia el cultivo. En estos focos un sistema financiero presta el dinero, unos “expertos” transmiten el know how y los comercializadores se encargan de comprar el producto y de vender los insumos requeridos para el procesamiento. La seguridad y el cumplimiento de los contratos está garantizado por algún tipo de ejercito privado y los precios no fluctúan gran cosa. Las condiciones están dadas para que lleguen los emprendedores.
De boca en boca pasa la noticia; “Que en la vereda la esmeralda están arrendando buenos lotes y los créditos para la siembra y los primeros insumos son fáciles de conseguir. La compra del producto es un hecho y cada setenta y cinco días se recoge platica. En menos de un año la inversión esta cubierta y en caso de que pasé la fumiga hay créditos para empezar otra vez.” Los campesinos empiezan a llegar y se meten trocha adentro a sembrar su parcela con el dinero prestado y la “asistencia técnica” de los “expertos”. Vinieron a sembrar coca, saben que es ilegal y, sobre todo, que cualquier otro cultivo en esa zona es inviable.
Algunos vienen desplazados y sin un peso, otros prefieren arriesgar un poco en vez de servir de peones asalariados, otros son profesionales en el asunto y migran de cluster en cluster como un mico en el monte. Todos buscan fortuna aprovechando la ausencia del Estado. Si les fumigan o les erradican los cultivos, la infraestructura invisible les presta dinero y aguantan, los vendedores de insumos les tienden líneas de crédito y los campesinos resiembran y para adelante. En Tarazá se han fumigado más de cien mil hectáreas y se han arrancado de cuajo seis mil más, a pesar de esto, las hectáreas cultivadas no han variado gran cosa desde el 2002. La infraestructura invisible resiste. O resistía, porque en los últimos meses los prestamistas se quedaron sin un peso y los cocaleros tuvieron que recurrir a la huelga y al manido discurso de que son unos abandonados por el Estado.
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sábado, 26 de enero de 2008
The Colombian Connection

"The Colombian Connection es una de las pocas portadas (enero de 1979) que la revista Time le ha dedicado a Colombia. Como raro y como siempre, se trata de un artículo sobre el tráfico de drogas.
Por esos años, según el artículo, Colombia manejaba las dos terceras partes del tráfico de marihuana y el ochenta por ciento del de cocaína. Las explicaciones sobre por qué Colombia se convirtió en tremendo "hub" eran, más o menos, las mismas que ahora: geografía difícil y conflicto armado. Los personajes involucrados en la historia también son los mismos de ahora pero con otros nombres. Todo parece un deja vú macabro.
La lectura del artículo deja la sensación de que el tiempo no pasa. Una que otra cosa ha cambiado, pero la historia sigue el mismo guion. Aumentan eso si, los muertos, los involucrados en el negocio y los esfuerzos fútiles por destruir el tráfico. Vale la pena leerlo. No hay nada nuevo bajo el sol.
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martes, 24 de julio de 2007
Erradicación forzosa y fumigación
Hoy en el editorial de El Tiempo señala la importancia que tiene el cambio de política frente a las fumigaciones. En especial, el impulso a la erradicación manual frente a la aspersión aerea. De estos planteamientos me surge la siguiente duda: Una alta proporción de los recursos destinados a fumigación vienen directamente de USA a sus contratistas (pilotos, glifosato, gasolina, repuestos, personal de apoyo) y no pasan en ningun momento por manos colombianas. El Gobierno no puede, de buenas a primeras, decidir que se van a trasladar fondos del Plan Colombia a la erradicación manual (la cual esta cargo de personal contratado y dirigido por el Gobierno). Y no puede por una sencilla razón: no es su plata.
A pesar de que la plata es de EE.UU y no de Colombia, el Ministro ha manifestado que "Colombia quiere flexibilidad para invertir ayuda de Estados Unidos en erradicación de coca". Me queda sonando la expresión "quiere flexibilidad para invertir". No, Colombia no invierte. Es EE.UU el que invierte esa plata directamente y sin la más mínima intermediación del Estado colombiano.
Todo esto me suena a propaganada. El Gobierno lo que esta haciendo es sacarle el máximo provecho al recorte que realizará el Congreso americano a los fondos para la fumigación. El argumento sería más o menos el siguiente: El Congreso americano va a recortar los recursos para fumigación, en consecuencia, nosotros nos adelantamos y señalamos que la fumigación no sirve y que resulta más plausible invertir en erradicación forzosa. Con esta movida mediatica, el gobierno gana puntos entre los que critican la fumigación y amortigua un golpe del Congreso norteamericano.
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miércoles, 4 de julio de 2007
Cuentas alegres
La fumigación de cultivos ilícitos genera un gran escozor entre los intelectuales, los ambientalistas y Rafael Correa. Ellos, siempre tan críticos y tan aguzados, opinan sobre lo dañino de esta práctica en los seres humanos y en los animales. Ellos, tan preocupados por la salud humana y por los pobres cocaleros, proponen la legalización, o en su defecto, el "desarrollo alternativo".
Tienen razón, la fumigada con glifosato+coadyuvantes es dañina, mata el monte y lo elimina. El problema es la solución que proponen. Para estos personajes, dado que la legalización mundial es casi una quimera, el desarrollo alternativo se convierte en la única alternativa "políticamente correcta".
Para los que no saben, el "desarrollo alternativo" consiste básicamente en impulsar cultivos lícitos que le permitan a los cocaleros sustituir su coca con, digamos, chontaduro.Con este tipo de programas tan humanitarios se deja tranquilos a los cocaleros (no se los fumiga, no se los procesa penalmente, no se les arranca la coca), los hippies pueden respirar en paz y todos tan felices. Sin embargo, el problema con esta solución tan correcta esta en las cuentas, en el billete y en otros detalles insignificantes como la geografía o la infraestructura.
Haciendo unas cuenticas alegres de cuanto costaría sustituir las 78.000 hectáreas de Coca que reseña UNODC por maiz, para utilizar un producto de rápido crecimiento, me sale lo siguiente: Una hectárea de coca al año deja US$9.550 brutos y alrededor de US$2.430 netos al año por la venta de la hoja de coca. Una hectárea de maiz deja US$5.600 brutos y US$1.200 netos al año, tal y como se observa en el siguiente cuadro:
Para lograr incentivar a los cocaleros a pasarse al cultivo del maiz, se requiere, como mínimo, garantizarles que sus ingresos van a mantenerse iguales (dado que no se los penaliza ni se les destruyen los cultivos de coca). En consecuencia, se necesitaría sembrar alrededor de 160.000 hectáreas de maiz para lograr que los cocaleros se cambien de negocio sin el uso de la fuerza.
Para poner esto perspectiva, se requeriría de una inversión "alternativa" de cerca de 256 millones de dolares sólo para cubrir los costos de siembra del maiz , sin incluir la compra de tierra, la mejora de la infraestructura y el traslado de los campesinos a nuevas zonas con todo lo que esto implica (vivienda, educación, etc).
***Debo admitir que empece a escribir este Post pensando en lo absurdo que era insistir en el desarrollo alternativo como única solución. Ahora que hago cuentas alegres, y la cosa no es tan descabellada como aparentaba, me parece, o que la UNODC esta meando fuera del tiesto con esos estimativos que da sobre lo que deja una hectárea de coca, o al Estado le saldría más barato comprarle a los cocaleros su cosecha y dejarse de joder con destruirla. Según UNODC la utilidad en precio de finca de la Coca procesada fue de 683 millones en el año 2006; el monto del Plan Colombia es cercano a ese valor. ¿Que coños están haciendo con esa plata?
Aca esta el Link del informe de UNODC por si alguien se le ocurre algo.
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jueves, 7 de junio de 2007
Los sesgos de Semana Online
Acabo de leer un artículo publicado en la edición online de la revista Semana, titulado "¿Es eficiente el Plan Colombia para la erradicación de la droga? " y creo que en mucho tiempo no habia visto un artículo tan pauperrimo y sesgado. Esta bien que al periodista Mejía no le guste el gobierno Uribe, pero amiguito, que no se te note tanto, no peles el cobre.
El artículo empieza en un tono apocalíptico, "De entrada, el Presidente colombiano llegó perdiendo". ¿Por qué? Porqué según el periodista se le recortaron varios millones al Plan Colombia y se modificaron los porcentajes de ayuda (más gasto social, menos fumigación). Sin duda, la reducción no es nada para celebrar, como afirma en su blog, Adam Isacson, uno de los más ferreos críticos al enfoque militar del Plan Colombia. Sin embargo, como lo afirma el mismo Isaacson, dicho recorte se explica por un recorte global en el presupuesto con el que contaba el subcomite, "which probably means Colombia is just one of many countries facing a reduction from the requested amount" y no a una especie de castigo a Colombia, como lo trata de presentar el periodista.
El periodista tambien nos sale experto estadístico y afirma, cuestionando la explicación de la subida en los censos de cultivos ilícitos, con que "esa excusa se basa sólo en lo ocurrido en los dos últimos años y resulta que el Plan Colombia lleva siete. Las estadísticas emitidas por los gringos en años anteriores dicen que durante este tiempo en que han analizado el 23 por ciento del territorio colombiano, las cifras han sido muy constantes". En este punto el señor Mejía comete varios errores, el primero, de tipo metodológico. Las cifras de antes con las cifras de ahora, simplemente no son comparables: "El problema es similar al de las cifras de empleo. A saber: el cambio de cobertura no permite decir que la situación ha empeorado. Pero sí permite afirmar que es grave". Afirma Alejandro Gaviria.
Eso por un lado, por otro lado, el amigo periodista afirma que las "cifras han sido muy constantes". O el amigo no miró las cifras, o se esta haciendo el bobo, ahí va la gráfica:
El periodista puede decir que en los últimos años las cifras "gringas" (como dice el articulista) han subido, y que en años anteriores han descendido (drásticamente) , pero no puede salir con ese cuento de que han sido "similares. Por último, Mejía consulta y cita únicamente las cifras "gringas", ¿Porqué no las de UNODC? pues porque no le conviene, o no le interesa, o esta simplemente escribiendo sesgadamente de manera deliberada. No le interesa meterse en berenjenales y tener que explicar la diferencia entre ambas, no le interesa, ni le importa, saber que UNODC mide TODO el pais, y no una muestra (como los gringos), en fín, no le interesa tener en cuenta algo que puede desbaratarle el argumento, o al menos, complicarselo.
El señorito también nos sale con esta perla "Pero no hay resultados. Cualquiera que tenga conocimientos mínimos de economía sabe que si rebaja la oferta de un producto en el mercado, su precio aumenta. En ese sentido, lo que se puede mostrar es que el precio es estable. El kilo de coca se mantiene en Estados Unidos en 35.000 dólares desde hace años. Eso demuestra que la oferta sigue intacta. " Cualquiera que tenga conocimientos mínimos de geografía sabe que Colombia no es el único productor de cocaina. El hecho de que los precios no se reduzcan, no implica, ni prueba necesariamente, que la producción y tráfico en Colombia no se haya reducido, pues existen otros paises que tambien estan metidos en el tráfico e inciden en el valor final. ¿Porque el argumento tan retórico? Nuevamente, porque esta sesgado. Uno puede afirmar que la reducción no ha sido la esperada, que nuevas dinámicas han cambiado la forma del cultivo, que la aspersión aérea no ha funcionado, pero no esos juicios tan tajantes como "fracasa el plan COlombia".
Por último, y para terminar, afirma Mejia que el Congreso americano se opone "ferozmente" al plan. Es eso cierto; no, no lo es. Los democratas no están de acuerdo con el enfasis del Plan en la aspersión aérea y en el gasto militar relacionado, pero si apoyan fuertemente el plan en su aspecto social, he ahí el cambio de porcenjas en la ayuda. Por ejemplo, la Rep. Nita Lowey (D-New York), acutualmente chairwoman del State/Foreign Operations Subcommittee, y muchos otros congresistas de ambos partidos apoyaron la aprobación del Plan con las variaciones comentadas. Pero claro, eso a usted, señor "periodista", no le interesa
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