jueves, 28 de agosto de 2008

Gatillo fácil

Un problema con la prensa colombiana es que disparan antes de preguntar. No chequean lo que afirman las fuentes y hacen relaciones espúreas entre hechos aislados. Un ejemplo patético es el caso de la revista cambio y sus denuncias a funcionarios públicos. De hecho, en varias oportunidades he visto como la revista eleva a "periodismo" o a "verdad" artículos basados por completo en chismes de fuentes secretas. Hoy lo volvieron a hacer, veamos:

Las autoridades venían siguiéndoles los pasos a los cuatro interlocutores, pues sospechaban que podían tener relaciones con la mafia. En el caso concreto de Restrepo, les intrigaba por qué su oposición sistemática a la fumigación de cultivos de coca en Antioquia y Córdoba, en áreas de influencia de Daniel Rendón, 'Don Mario', jefe de la famosa 'Oficina de Envigado'. Según le aseguró a CAMBIO un oficial de Inteligencia, "esa doctora Restrepo solo ha tenido buenas relaciones en la Policía con el general Pedreros; no puede ver a los oficiales de Antinarcóticos y siempre ha buscado obstruir sus operaciones".

Según el chismoso de turno y el periodista hijueputa "las autoridades investigaban a la directora del programa contra cultivos ilícitos por vinculos con la mafia". ¿Ah si? Quien dice eso, una fuente oficial de la policía, un fiscal, un juez de la república? ¿Como verificó el periodista hijueputa este chisme? Nada, transcribió el chisme sin corroborar la información con una fuente oficial (y era tan fácil).

Según el mismo chismoso, a las autoridades "les intrigaba" -como si leyeran una novela de suspenso- la oposición sistemática de la funcionaria a las fumigaciones en ciertas áreas de influencia de un narco. ¿En serio, se oponía? ¿Y por qué el periodista hijueputa no se tomó el trabajo de verificar si en esta zona la funcionaria ha erradicado manualmente cultivos de coca? Era fácil, además ese es el trabajo de la funcionaria. Lo que pasa es que si comprobaba erradicaciones en la zona el argumento mala leche se le iba al piso.

Asquerosos periodistas.

3 comentarios:

Ricardo Lunari dijo...

Son los periodistas, además de los magros salarios, los se encargan de espantar a cualquier persona que sea infectada con el ímpetu pasajero de trabajar en el sector público en Colombia. Levantan su todopoderoso dedo acusador, con una altisonante y postiza indignación, y a través de chismes y verdades a medias arruinan reputaciones, destruyen carreras y socavan lo que aún queda del principio de presunción de inocencia.

Caulquiera se asombraría de la cantidad de rectificaciones que se leen en revistas o períódicos. Nadie se asombra, sin embargo, porque nadie las lee: aparecen en un oscuro y recóndito rincón, que en nada se equipara al aparatoso titular con el que, tergiversaciones mediante, le jodieron la vida a algún fulano por un buen tiempo. Y, claro, gozan de la más rampante impunidad: pueden difundir que tal político es amigo de un paraco, o que tal modelo se encamó con X mafioso, pero si alguien trata de restringirlos con las herramientas jurídicas adecuadas, para ver si así se preserva la veracidad y la independencia de la información, saltan al unísono para defender la libertad de prensa, que en sus estrechas mentes no es más que un escudo para fomentar la irresponsabilidad de lo que se escribe. Es que así la profesión es mucho más cómoda.

El gran dilema no es que sean hijueputas. Eso viene por añadidura. El gran dilema es que se relega una función tan vital para la democracia en manos de gente tan inepta, tan poco estructurada intelectualmente, tan poco instruida en cuestiones políticas, económicas, jurídicas o morales. Son, claro, generalizaciones. Hay de todo. Igual que en la política. Y precisamente por eso es que deberían dejar la pereza de pescar con dinamita y sacrificar unos buenos titulares en función, más bien, de unas buenas investigaciones. Chévere que los delitos de calumnia e injuria también los cobijaran a ellos en la práctica; de pronto así serían un poco más rigurosos en lo que hacen y escriben.

Camilo Jiménez dijo...

Juy, qué despachada. Pero tiene razón.

Habría que meter en esa práctica idiota y facilonga el asunto de los "nuevos medios": ya ni siquiera existe eso tan bonito que se llama reportería: salir a buscar tesimonios, a investigar, a preguntar, a "merodear", bonita metáfora. Ahora se googlean un par de nombres, una que otra frase o palabra "clave" (jua) y se hacen, como mucho, dos llamadas. Y después se quedan de que la gente se pasa a buscar su información a internet, a blogs o páginas de información independiente. Es que ahí muchos siguen haciendo la tarea.

Carlos dijo...

Yo no creo que el problema sea porque los periodistas colombianos sean malas personas o descuidados, o porque sus mamas se dediquen a los servicios sexuales.

El problema puede deberse a la urgencia de publicar(Cambio sale semanalmente y a veces publica reportajes sobre temas que no tienen mas de tres o dos dias de haberse vuelto relevantes), a la confusión que existe entre libertad de expresión y calumniar sin restricciones(el caso Molano es paradigmático), y tal vez a nuestra tendencia a creer que lo que publica la prensa es cierto.

Yo tambien me he vuelto muy crítico de la prensa y los medios.

A veces he pensado que lo mejor es no leerla, pero hay algunos hechos que uno quisiera saber lo antes posible.

Excelente post.

Cordial saludo,
Carlos