De vampiros y otros bichos
Los vampiros nos invadieron por todos los flancos. Llegaron con sus portadas rojas y negras para instalarse en la Panamericana, la Nacional y los revisteros de Carrefour. De toda esta andanada sanguinolenta sólo me he leido el muy entretenido Vampyr y una biografìa insoportable de Vlad Dracul (el principe que le gustaba meterle un palo por el culo a sus prisioneros de guerra). Suficiente. no quiero ni uno más de esos monstruos adolescentes que chupan sangre y viven mil años sin aburrirse.
Y en todas estas, ¿A los adolescentes adictos a leer libros de murciélagos que es lo que les gusta de esta literatura? A veces pienso que lo que menos les interesa es que salgan vampiros, cruces medievales o referencias a países de la ex cortina de hierro. Lo que les gusta es lo de siempre, historias de amor imposible aderezadas con sexo y sadomasoquismo velado (eh ahí el asunto ese de la chupada de sangre y demás vulgaridades practicadas por los hijos de la noche). Tal vez estoy siendo muy injusto, tal vez la cosa va más por el lado emo de la vida y el nicho que lee sobre vampiros anda es intrigado con la oscuridad y la parafernalia Tim Burtonesca. A lo mejor es sólo una moda pasajera, otra forma de empaquetar las historias de high school universales, esas que no pasan de moda.
