Pitucho
Salí de mi casa para la inauguración del festival malpensante y no pudimos entrar. Nos faltó -literalmente- el centavito para el peso. El parqueadero costaba 10.000 pesos pagaderos anticipadamente y sólo teníamos 8.000 pesos entre mi esposa y yo.
Nos faltó sacar la tarjeta débito, nos faltó traer la billetera de mi esposa o haber optado por un taxi (que habría salido más barato que el parqueadero).En estos casos siempre me acuerdo del abogado protagonista de la novela Abril Rojo de Roncagliolo, siempre pensando en que la situación amerita elevar una queja, interponer un recurso o hacer cualquier cosa para corregir el abuso. Porque en este caso el cobro por anticipado de una tarifa fija de parqueadero absurdamente alta es claramente un abuso para con los que no contamos con muchos recursos. (Todo lo que es caro es un abuso a los ojos de nosotros, los leguleyistas-justicieros, los Félix Chacaltana Saldívar de este mundo)
Pero aquí, como en el Perú de Roncagliolo, tomar esa actitud entre leguleyesca y justiciera es situarse en el terreno del absurdo. No tiene sentido, las peleas justicieras o terminan en nada o requieren una energía que sobrepasa de lejos los beneficios de la venganza. Es mejor cargar con la platica en la billetera y evitarse agrieras innecesarias.
Por eso me voy a dormir esperando algún dia poder recurrir a la unica frase que funciona en este país: "usted no sabe con quien esta hablando".
P.D. Pitucho: golpe que no duele pero que emputa mucho.
