martes, 16 de octubre de 2007

Los depravados con facciones simiescas

Un niño de 7 años es violado por su tío en una casa de ladrillo en Ciudad Bolívar. Una niña es descuartizada como un pollo después de haber sido violada por un individuo cualquiera en una calle cualquiera de un barrio cualquiera. Según medicina legal, estas historias se repiten 38 veces al día en Colombia, lo repito con todas las letras: treinta-y-ocho veces. En el instante que usted lee esto, algún personaje con bigote, facciones simiescas y tal vez una sotana, esta acariciándole las piernas a su próxima víctima. Si hacemos un fast-forward, veremos al gorila sobándose la barriga sobre un colchón sin sabana y al niño acurrucado en un rincón.

Todo lo anterior es pirotecnia amarillista destinada a moverle la tripa al lector. Empujarlo a que sienta que eso le puede pasar a su hijo o a su sobrino. Meterle miedo, asco y odio. Preparar la cacería de brujas y la toma irracional de decisiones.

Eso es lo que ha pasado en Bogotá con los muros de la infamia y las promesas de elevar las penas para los violadores de niños. Unos concejales, movidos por las imágenes asquerosas de violadores de niños, optaron por copiar, a medias y de manera irreflexiva, los postulados de la Ley Megan de Estados Unidos. De igual manera, los siempre críticos activistas sacaron sus cartas para evitar que se le violen los derechos a los simiescos depravados.

A mi los derechos de los depravados me tienen sin cuidado. Me dan entre risa y rabia los argumentos de sus defensores de oficio que traen a colación el derecho que tienen a su honra, a su privacidad. Un salvaje que destroza a una niña de meses con su "asta viril" no tiene derechos, y menos, derecho a que nadie sepa que es un peligro ambulante.

El tema es que un par de vallas y elevar las penas no disuade al criminal, ni sirve como mecanismo de información para los padres. En EE.UU y el Reino Unido, en donde se han implementado sistemas de información en línea para que los interesados chequeen si en su barrio viven depravados que han sido condenados, no han dado los resultados esperados. En principio, porque muchas veces la información no es confiable y la policía no se toma el trabajo de depurarla y otras veces, porque los depravados son enfermos mentales que no responden a los mecanismos de disuasión.

¿Qué serviría en Bogotá? Serviría construir un sistema de información confiable sobre donde están ubicados los depravados condenados. Una simple valla no cumple en absoluto esta misión y es básicamente pura propaganda. Elevar las penas, contrario a los que dicen los juristas activistas, si disminuye el crimen, sobre todo si se aumenta también la probabilidad de captura del criminal. Para los enfermos, es necesario encerrarlos en instituciones psiquiatricas de por vida en donde reciban tratamiento y estén aislados de sus potenciales víctimas.

6 comentarios:

juglar del zipa dijo...

gente más audaz ha propuesto el uso de letras escarlatas en el pecho para las adúlteras y parches que se usan en la manga derecha para los que hayan ganado 5 copas de europa o mundiales de futbol.

claudia dijo...

estoy de acuerdo amor. Me parece que las penas no son suficientes para estos monstruos

te amo

Patton dijo...

en efecto, esos muros no sirven ... para un pito. Creo que sería más efectivo si se usaran antorchas y capuchas blancas.

lully, Reflexiones al desnudo dijo...

Me estremezco, es un absurdo. Prefiero ya no comentar porque me conmueve, inclusive hice un post en febrero o enero de 2006 sobre Barbarie infantil... esto continua.

Un saludito afectuoso!

Apelaez dijo...

Es cierto, los muros no sirven, o bueno, sirven para que se piense que algo se hace. Distracción.

Apelaez dijo...

Es cierto, los muros no sirven, o bueno, sirven para que se piense que algo se hace. Distracción.